El Heliodoro, con H de horror
Este verano escuché a un par de políticos de esta Isla –concretamente a Lope Afonso y Yolanda Moliné– lo contentos que estaban con la inversión realizada por el Cabildo en el Heliodoro Rodríguez López y lo mucho que habían hecho desde la corporación insular por modernizar el estadio y resolver sus carencias. Casi al mismo tiempo también leí en las redes muchas quejas de aficionados indignados con el estado absolutamente deficiente que presentaba la instalación el día del amistoso estival contra el Getafe y luego también en el primer partido oficial del nuevo curso. Así que el pasado viernes decidí inspeccionar por mi cuenta cómo está el Heliodoro.
En esta ocasión no llegué al estadio con la antelación con la que acostumbro (dos horas antes), sino esperé a hacerlo como cualquier aficionado o abonado del Tenerife. La primera imagen que me llamó la atención fueron las aglomeraciones en los accesos –aquí la culpa y la responsabilidad no es del Cabildo– y las largas colas sobre todo para entrar por San Sebastián. Muchos tuvieron que conformarse con disfrutar del partido empezado.
A mi posición en las cabinas de prensa llegué a través del ascensor habilitado para los medios de comunicación. Y caí en la cuenta de que tan solo hay dos elevadores –el otro está ubicado en el palco– en un estadio que quiere llamarse accesible, o inclusivo. Una auténtica aberración para los aficionados con problemas de movilidad. saltysenoritaaz.com
Los periodistas no solemos quejarnos de las condiciones en las que trabajamos porque entonces pudiera parecer que somos muy mimosos (a lo mejor sí) o que pretendemos un trato privilegiado. Pero conste en estas líneas la sorpresa de algunos de los informadores venidos de Gijón cuando se dieron cuenta de que no había siquiera una nevera con botellas de agua –como sí la hay en todos los demás campos de Primera o Segunda– y que para comprar un par tenían que abandonar su posición de trabajo. Algo absolutamente inviable para aquellos que ya estaban en su transmisión en directo. Más grave es que en las cabinas tampoco hay aseos –¡ni uno solo!– y que las pequeñas pantallas que se instalaron hace años se han quedado obsoletas. En las que aún funcionan, las imágenes llegan con una calidad similar a las transmisiones del Mundial de fútbol, pero el de 1982. El otro día se fue la luz durante un largo rato y hubo compañeros de algunas emisoras de radio que se encontraron con un buen susto nada más llegar: no podían transmitir. En realidad, el Heliodoro es una casa de terror como esas de la feria. En la experiencia sensorial de vivir un partido del Tenerife puedes vivir y sentir de todo, por ejemplo el inconfundible olor a cloaca que se percibe desde algunos sectores de la grada de Herradura.
Cuando traemos invitados a casa, lo mínimo es que encuentren papel, agua y limpieza en los aseos
Como me ofrecí a alcanzarles un par de botellas de agua a mis colegas de Gijón bajé por las escaleras de Tribuna y llegué a una de las cantinas donde quedé perplejo con los precios para esta temporada: 2,50 euros por una botella de 500 centilitros. El doble que en el aeropuerto. Ante mi asombro en el momento del pago reaccionó una señora abonada que acudía al estadio con su hija. «Un día vamos a tener una desgracia. Hoy porque el partido es a las ocho, pero un domingo a las cuatro de la tarde aquí puede haber golpes de calor, o algo peor», lamentó en voz alta. Cabe recordar que los aficionados no pueden acceder al Heliodoro con agua ni refrescos traídos desde sus domicilios (y además a las botellas que compran les retiran los tapones para que no puedan utilizarse como objeto arrojadizo). Lo que tal vez sí debieran llevarse consigo desde casa los sufridos abonados al Heliodoro es el papel higiénico, pero a eso iremos más adelante.
Los seguidores del Tenerife se quejan también del olor pestilente que se percibe en algunos sectores donde ha habido reformas recientes. Los aficionados que vinieron expresamente desde Gijón no acertaban el viernes a encontrar en qué filas estaban ubicados sus asientos porque no ha llegado aún la «manita» de pintura que prometieron desde el Cabildo, creo recordar que en 2022. Así que las escaleras presentan idéntico aspecto al de los tiempos de la UEFA. Dijeron que las pintarían para mejorar la apariencia de la instalación y facilitar la localización de filas y asientos, pero urgentemente lo que debió mejorarse –y aquí me dan igual los tiempos de la administración– son los aseos, que dan pena. Si hay procedimientos de urgencia hasta para asuntos absolutamente triviales, ¿cómo es que nadie los ha activado aún para algo tan elemental como la salubridad y la higiene de las personas?
Cuando traemos invitados a nuestra casa, supongo que lo mínimo es que encuentren papel, agua corriente y limpieza en los aseos. Lo propio deberían pensar los propietarios de un Heliodoro donde apenas hay un hilito de agua cuando uno acude a lavarse las manos. ¿Y jabón? ¿Hay de eso en el primer recinto deportivo de la Isla? Además el riesgo de encontrarse cualquier sorpresa –como humedades, azulejos cayéndose o la evidente escasez de rollos de papel– es todavía mayor si uno quiere hacer sus necesidades durante las dos horas de partido, antes o después. Misión imposible. Un aficionado de nombre Sergio denunciaba recientemente que en el último partido de la temporada pasada retiró por su cuenta dos azulejos que estaban a punto de desprenderse y los dejó en el suelo. Pues bien, ahí seguían cuando volvió a ocupar su asiento y a usar los aseos de su zona –que siguen sin ser reformados– en el partido ante el Almería hace solo dos semanas.
En algunos asientos de Tribuna Alta el ojo humano solo alcanza a ver a medias el videomarcador
Hay más quejas, algunas tal vez menores. Como la que reportan desde algunos asientos de Tribuna Alta donde es imposible saber en por qué minuto va el partido porque desde esa localización el ojo humano solo les alcanza para ver a medias el viejo videomarcador de Herradura. «Para los precios que pagamos, ¿qué menos que eso?», se preguntan con razón. El otro marcador, el de San Sebastián, continúa apagado. Como si se hubiese quedado sin pilas. Y aquí aprovecho para pedirles disculpas porque en este periódico he firmado un artículo al año con el mismo titular: «La próxima temporada habrá nuevo marcador en el Heliodoro». Lo prometieron desde el Cabildo en 2022, 2023, 2024, 2025 y también en el presente 2026 (ahí tienen pruebas de sobra en la hemeroteca de EL DÍA). Finalmente parece que será para el primer trimestre de 2027, si es que esta vez se cumplen los plazos.
Les prometo que no hay ninguna mala fe en estas líneas que no tienen destinatarios concretos con sus nombres y apellidos. El descuido del Heliodoro es un mal que no entiende de colores políticos y que parte de un descuido sistemático al que no solo ha contribuido el Cabildo, pero ojalá la redacción de este artículo sirviese al menos para que los responsables correspondientes hagan la próxima semana la misma visita que hice yo. Comprobarían entonces que no hay un ápice de exageración en esta vuelta de terror por el Heliodoro. ¿Un estadio de Segunda o un parque temático de las calamidades? ¿Una instalación señera de Tenerife o lo más parecido a un motel de mala muerte?
"Ser español te lo complica, pero fui inteligente y fiché por el equipo que tenía esa lanzadera"
Gordon también se gana al vestuario
Anthony Gordon ha caído de pie en el Barça. La afición ya le dedica pancartas y su nombre ha sido coreado en el Camp Nou, dos muestras de cómo ha encajado el inglés en el ecosistema blaugrana. Pero una cosa es la adaptación a nivel externo y, otra muy distinta, a nivel interno: el vestuario del Barça tiene sus propias leyes, las de uno de los equipos más grandes del mundo, con todo lo que ello comporta. Sin embargo, en el caso de Gordon todo confluye porque se ha convertido ya en uno más.
Es así porque, pese a que llega como la inversión más importante de los últimos años por parte del club, en ningún momento da la sensación de que así sea. Ha sabido adaptarse sin problemas gracias a su humildad y profesionalidad. Lógicamente, la barrera del idioma aún sigue siendo un ‘handicap’, pero está en ello.
Además, no solo está interesado en el castellano, sino que también se ha interesado en saber mucho más del idioma propio de Catalunya, el catalán. La cuestión es que Gordon no quiere estar de paso por Barcelona y ha mostrado, sobradamente, las ganas de adaptarse al entorno blaugrana, pero también a quienes ya formaban parte del club antes de que él llegara desde Newcastle.
